Caos

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Caos (Chaos, Griego).- El Abismo, la “Gran Profundidad”. Fue personificado en Egipto por la diosa Neïth, anterior a todos los dioses. Como dice Deveria, “el único Dios, sin forma ni sexo, que se dió nacimiento a sí mismo y sin fecundación, es adorado bajo la forma de una Madre Virgen”. Ella es la Diosa de cabeza de buitre, que se encuentra en el más antiguo período de Abydos, perteneciente, según Mariette Bey, a la primera Dinastía, que quiso concederle –hasta según confesión de los orientalistas, tan amigos de empequeñecer el tiempo- una antigüedad de unos siete mil años. Como nos dice Mr. Bonwick en su excelente obra acerca de la Creencia egipcia, “Neïth, Nut, Nepte, Nuk (sus nombres se leen de diversas maneras) es una concepción filosófica digna del décimo-nono de la era cristiana, mejor que del trigésimo-nono siglo antes de esta era o en una fecha anterior”. Y añade el autor antes mencionado: “Neïth o Nout no es ni más ni menos que la Gran Madre, y a pesar de esto, la Virgen Inmaculada, o Dios femenino, de quien procedieron todas las cosas”. Neïth es el “Padre-Madre” de las estancias de la Doctrina Secreta, el Swabhâvat de los budistas del Norte, la Madre verdaderamente inmaculada, el prototipo de la última de todas las “Vírgenes”, porque, como dice Sharpe, “la fiesta de la Candelaria” –en honor de la diosa Neïth- está todavía indicada en nuestros almanaques con el nombre de día de la Candelaria o Purificación de la Virgen María”; y Beauregard nos habla de la Inmaculada Concepción de la Virgen, que, como la Minerva egipcia, la misteriosa Neïth, puede desde ahora vanagloriarse de haber procedido de sí misma y de haber dado nacimiento a Dios”. El que pretendiese negar la operación de los ciclos y la repetición de los sucesos, sírvase leer lo que era Neïth siete mil años atrás en el concepto de los Iniciados egipcios, que trataban de popularizar una filosofía demasiado abstracta para las masas, y recuerdo luego los puntos de controversia en el Concilio de Efeso, en 431, en el cual María fue declarada Madre de Dios; y el dogma de su Inmaculada Concepción, impuesto al mundo por mandato de Dios, por el Papa y el Concilio de 1858. Neïth es Swabhâvat y también el Aditi de los Vedas y el Âkâza de los Purânas, puesto que “ella no es solamente la bóveda celeste o éter, sino que se la hace aparecer en un árbol, del cual ella da el fruto del Árbol de la Vida (como otra Eva) o derrama sobre sus adoradores divina Agua de vida”. Por este motivo adquirió ella la denominación favorita de “Señora del Sicomoro”, epíteto aplicado a otra Virgen (Bonwick). La semejanza resulta aun más notable cuando en antiguas pinturas se ve a Neïth representada como una Madre abrazando al dios de cabeza de carnero, el “Cordero”. Una antigua tabla de piedra declara que ella es Neut, la luminosa, “que ha engendrado a los dioses” -incluso el Sol, puesto que Aditi es madre de Mârtanda (Marttanda), el Sol, uno de los Âdityas. Es también ella Naus, la nave celestial; de ahí que la encontremos en la proa de los barcos egipcios, como Dido en la proa de las embarcaciones de los navegantes fenicios, y después tenemos la Virgen María, de Mar, el “Mar”, llamada “Virgen de Mar”, y la “Señora Patrona” de todos los marinos católico-romanos. El Rev. Sayce, citado por Bonwick, la expone como un principio en el babilónico Bahusis (Caos o confusión), esto es, “ni más ni menos que el Caos del Génesis… y quizás también Môt, la substancia primitiva que fue la madre de todos los dioses”. Nabucodonosor [Nebuchadneezzar o Nebukad-Nezar] debía estar presente en la memoria del ilustrado profesor, puesto que dejó el siguiente testimonio en lenguaje cuneiforme: “Yo edifiqué un templo a la Gran Diosa, mi Madre”. Podemos terminar con las palabras de Mr. Bonwick, con quien estamos completamente de acuerdo: “Ella (Neïth) es el Zerouâna del Avesta, “tiempo sin límites”. Ella es el Nerfe de los etruscos, “medio mujer y medio pez” (de ahí la conexión de la Virgen María con el pez y pisces); de quien se ha dicho: “Gracias al santo buen Nerfe, la navegación es feliz. Ella es el Bythos de los gnósticos, el Uno de los neoplatónicos, el Todo de los metafísicos alemanes, el Anaita de Asiria”. (G.T. - H. P. B.)